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Fin de año en el fin del mundo

Decidimos recibir el 2015 en un lugar distinto, dijimos que había que cumplir esto de “ fin de año en el fin del mundo ”. Suena prometedor, suena casi como ideal. Bueno, les venimos a contar expectativa/realidad.

Lo primero que hay que decir es que AMAMOS Ushuaia, es la ciudad argentina que se ubica en nuestro top 3 de preferidas (si fuera por Marcelo, sería la Top One, pero yo no me bancaria tanto frío todo el año, la verdad) Con esto vamos a aclarar que es una ciudad bellísima para ver en cualquier estación del año, nosotros fuimos en invierno y en verano y encontramos dos lugares completamente distintos que disfrutamos a morir y que esperamos también volver a conocer en otoño (donde dicen que los colores te quitan el aliento)

Dicho esto, diremos que toda expectativa romántica, metafórica, soñadora y todos los etc. que se te ocurran con respecto a un fin de año en Ushuaia… ¡ol-vi-da-te-las!

Bueno, los frescos días previos (ni en diciembre esperes andar por la vida con remerita musculosa) no vimos demasiada puesta en escena, la verdad. Alguna que otra lucecita navideña en algunos lugares comerciales, eso sí. Uno imagina, al estilo alpes suizos (y no se por qué la imaginación se va para cualquier lado) que las casitas de madera tendrán luces por todos lados y los villancicos redundarán por las calles (lo último menos mal que no porque odio el agudo de los chiquillos cantando). En fin, había luces y decoración en la nueva y todavía #mefaltaterminardearreglar peatonal de la ciudad, pero la cosa no era muuuuy visible.

 

Camino al centro de la ciudad

 

Fuimos observando algunos lugares para pasar la nochebuena y la cosa era bien picante, los precios del #MenúShowBrindis eran bastante altos. Para colmo ODIAMOS los shows musicales que pretenden amenizar la noche, no, no lo hacen, suelen ser bastante malos. Bueno, dijimos, “estamos en un hostel, debería suceder que seamos varios los que cenemos allí, se armará algo”.

 

Peatonal del centro con "breve" decoración

 

Yo creo que estuvimos en el hostel con los huéspedes de la onda menos hostel del planeta, o no sé, quizás los mismos empleados/dueños le podrían haber puesto algo de onda para que armemos algo. No sucedió. Así que nos compramos un poco de comida hecha en una rotisería, cenamos los tres, miramos por el hermoso ventanal que el comedor del hostel ofrecía y ni una cañita voladora, che, nada.

 

cena de fin de año en el hostel

 

La verdad es que siempre digo que quemar cohetes es quemar plata y que pobres los perros, y pobres los chicos autistas, estamos todos de acuerdo, pero convengamos que los que tiran las lucecitas sin ruido son muy geniales.

Se acercaba las 12 así que nos fuimos a pasear por el centro porque “seguro explota de gente”. Éramos los tres, más un dos que pasaban por ahí, el perrito que vive bajo el banquito del centro y la bola de heno. Faltaba un poco bastante para las 12 y tengamos en cuenta que a esa altura del año en el fin del mundo son como las 22hs y sigue re de día.

 

Dependencia de turismo y un solitario hombre en su frente

 

La costanera desolada una hora antes de los festejos

 

plaza frente a la costanera

 

Raro todo, seguíamos caminando y paseando, con algo de frío, porque obvio que ahí, puede ser aún un poco de día, pero el fresquete te viene igual como si fueran las 2 de la mañana.

 

algo de decoración navideña en los edificios estatales

 

Casi las 00hs y el centro lucía así

 

Las 00hs se acercaban y no había movimiento en la peatonal

 

Llegaron las doce, miramos E-MO-CIO-NA-DOS el cielo y no, ni una lucecita. Lo que estuvo genial es que los barcos que estaban amarrados en la costa se pusieron a sonar las sirenas. Nos fuimos re contentos a donde estaba la acción (?), o sea al puerto, y no vimos más que eso, quietos barcos que hacían ruido. Justo pasaron unos borrachines de algunos lados del mundo, nos deseamos feliz año nuevo y todo lo que uno hace en esos momentos y seguimos caminando por la costa.

 

 

Seguíamos esperando las 00hs en la costa

 

En el puerto, ya escuchando los barcos que sonaban sus bocinas

 

En la peatonal algo más de gente se asomó luego de las 00hs

 

Nos volvimos para el hostel luego de unas vueltitas (lo sé, dimos 10mil sin éxito) y cuando estábamos llegando vimos unos locos haciendo girar un hilo que desprendía chispas. Los tipos (niños y adultos) juro que la estaban pasando genial haciendo eso. Nos pusimos a mirar y era una esponjita de acero que la ataban a un hilo, la encendía y con eso hacían las chispas mientras la giraban para todos lados.

 

Ushuaia Ushuaia

 

Ahí nos enteramos que no hay más que esta “acción fuera de la ley” (?) con respecto a las fiestas porque hay una ordenanza que prohíbe los fuegos artificiales. No se puede porque básicamente se cansaban de tener casas y casas prendidas fuegos durante los festejos. Recuerden que en esta ciudad son básicamente de madera y una sola chispa en los pastos secos, sequísimos de un espacio abierto combinado con el tremendo viento, te arma flor de lío.

Pero más allá de los fuegos artificiales, que como ya dije, los odio, así que me parece bien que no haya, supongo que elevamos las expectativas a algo así como “en el fin del mundo la gente debe sentir que son especiales y la deben de re festejar en las calles” No nos pregunten porqué pensamos eso, bueno, no, no sucede, hace frío, NO DA comer en la calle, se te enfría el cerdito, se te enfría todo.

Supongo que creíamos que, cual fiesta en una playa, las hordas de personas irían a la costanera a brindar. Y claro, vuelvo a decir, no da, el fresquete te re tira atrás. Horizonte de expectativas tirado al tacho, supongo que por haber “flasheado” cualquiera, igual a Ushuaia la disfrutás siempre y es un lugar hermoso para ir, vayan todas las veces que quieran, y como ya dije, en todas las estaciones del año. :)

¿Pasaste el fin de año en algún lugar que fue increíble? ¡Contanos tu experiencia! (y apuntamos el destino 😉 )

 

 

Yamila Campo
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Yamila Campo

Licenciada en Comunicación Social, paso mis días trabajando en la investigación y la docencia, especialmente en la comunicación comunitaria. Amo poner el foco en las situaciones cotidianas y volverlas fotografía. Se puede decir que soy corredora, al menos eso me gusta entrenar en los tiempos libres. Me defino como viajera y soy de las que le pone onda a toda circunstancia que pueda fallar en un viaje. Y obviamente, soy mamá de Sofía, la chiquitina que me hace reir y redescubrir el mundo todos los días.
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