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Los viajes de Sofia – Parte I (la historia sigue continuando)

Nos reconocemos y somos una familia viajera, antes de tener a Sofía, apostábamos a que iba a ser así el día que tuviéramos un hijo.

Y así pasó, desde el primer momento de vida, Sofi se convirtió en una viajera. Muchas veces nos dijeron que al tener un hijo, el único destino posible iba a ser la playa. Tenemos miles de argumentos, recuerdos y anécdotas que demuestran que no es así inevitablemente.

El día que nos enteramos que íbamos a ser papás, justo nos íbamos de paseo por Palermo, cosas del destino, nuestro primer día con “el porotito” estuvimos en pleno movimiento, recorriendo.

 

Jardin Japones

 

Ya con una panza prominente y sus pataditas marcando presencia, fuimos a pasar una navidad distinta a la charrúa Piriápolis. Mucho sol y playa para recorrer esa ciudad y su vecina Punta del Este.

Su segundo viaje en la comodidad de la panza fue casi en el final del embarazo, y esta vez el destino fue un poco más fresco. Las montañas y lagos de Bariloche con los igualmente hermosos paisajes del sur chileno, fueron el escenario perfecto. Como perla a contar, subimos el cerro Campanario caminando, con la panzota haciendo peso pero aguantando, y ahí derribamos el mito de que la embarazada solo debe tirarse a descansar y nada más (claro que hay que tener en cuenta que yo tenía entrenamiento previo y un embarazo sin ningún inconveniente).

 

Piriapolis Cerro Campanario Puerto Varas

 

Sofi nació y entonces sí hicimos un merecido párate viajero, hasta los 7 meses que allí decidimos realizar la prueba piloto, yendo a pasar un fin de semana a una isla en Tigre. Lindísimo lugar para descansar y chapotear en el agua. Ella se adaptó rápidamente al lugar, lo que nos dio la pauta de que era posible dormir en otro lugar, estar en un espacio completamente distinto, y no sentirse mal por eso.

 

Tigre

 

Tigre

 

El gran viaje fue apenas cumplido su primer año. Unos días después del correspondiente festejo con familia y amigos, nos subimos a un avión rumbo a las tierras de la samba, el color, las playas y los morros. Brasil nos deslumbró con todo lo que tiene para ofrecer en Río de Janeiro, Buzios e Ilha Grande.

 

Brasil

 

Todo un desafío, cambiamos 3 veces de lugar cotidiano, de cama, de todo. Sofía lo superó perfectamente, y en el medio supo lo que era viajar en barco y lancha, chapotear en el mar, y nadar en agua transparentes. El único inconveniente lo tuvimos el último día cuando comenzó con una crisis bronquial, algo que ya venía siendo un problema en Argentina. Lo resolvimos por tener todos los medicamentos necesarios a mano, y al regreso al país, su pediatra y neumóloga hicieron el tratamiento correspondiente.

 

Cristo Redentor

 

Estadio Maracana

 

Escalera Selaron

 

Luego vino la apuesta de pasar el fin de año en el fin del mundo, así que el destino elegido fue Ushuaia. Ya Sofi empezaba a entender un poco más, y la mochila de porteo fue perfecta para los trekkings que hicimos, subiendo al Glaciar Martial o llegando a la laguna Esmeralda.

 

Laguna Esmeralda

 

La chiquitina aguantó cada caminata y hasta incluso aprovechó para dormir siestas cerquita del corazón de mamá. Cuando se despertaba, iba saludando a las plantas y árboles, super entretenida. La yapa fue conocer de cerca a los pingüinos que saludaron desde la costa al barco en el que recorrimos la bahía.

 

Glaciar Martial Ushuaia
Isla Martillo

 

Un mes antes de cumplir sus dos años nos fuimos donde el Ombú (?) y nos subimos a un tren larga distancia para llegar así a Santa Rosa, en La Pampa. Unos días allí conociendo detalles pintorescos del lugar como el cerro del parque Lihué Calel que subimos otra vez con Sofi bancándose re bien el calor en la mochila.

 

La Pampa

 

Nos separaba poca distancia de un pueblo de Buenos Aires que hay que visitar alguna vez en la vida, Carhué. Partimos para allá y conocimos las ruinas de Villa Epecuén, impresionante lugar para cualquiera que guste de la fotografía. Obviamente, las aguas termales de la zona requerían ser probadas, así que pasamos un relajante día en un hotel spa.

 

Villa Epecuen

 

Villa Epecuen

 

Carhue

 

En pleno invierno cruzamos el charco para conocer la ciudad capital de Uruguay. A pesar de ya haber viajado en barco, Sofi parece que no tuvo una buena experiencia con este y en la primera noche el estómago no estuvo muy cómodo. Eso nos cambió un poco los planes ya que como no sabíamos si iba a estar bien, suspendimos la visita a las sierras de Minas. En Montevideo el frío se hizo notar, así que el recorrido por esta extensa ciudad tuvo sus momentos incómodos.

 

Montevideo

 

Estos dos padres que no se decidían a formalizar (?) finalmente pasaron por el civil (je). Tras 10 años de noviazgo/convivencia, obtuvimos nuestra libreta y con esos 10 días más algún feriado, recorrimos parte de la zona cuyana de nuestro país. Catamarca fue el primer destino, haciendo un breve recorrido por su hermosa capital.

De allí partimos para La Rioja, donde el clima cambiante tuvo sus consecuencias para Sofi que tuvo una neumonitis que rápidamente hicimos atender y medicar, sin mayores complicaciones luego. De la ciudad capital fuimos al alejado y lindísimo pueblo de Villa Unión. Desde allí llegamos a lugares únicos, como la Laguna Brava, una extensión de agua en el medio de la cordillera que te quitaba el aliento en forma literal por estar a una altura en donde los pulmones perdían más oxígeno del necesario.

 

Laguna Brava

 

También conocimos el imponente parque de Talampaya y Sofía disfrutó de enterrarse en la tierra colorada, miraba atenta cada uno de los lugares en donde parábamos con la excursión y no perdía tiempo para jugar con la tierra y las piedras del lugar.

 

Las Juntas Talampaya Pampa Leoncito

 

Con todas esas experiencias y momentos acumulados partimos hacia San Juan para pasar por el increíble parque Ischigualasto (más conocido como Valle de la Luna) en donde el tiempo amenazantemente lluvioso y muy frío nos complicó el paseo que de todos modos disfrutamos muchísimo. Sofía quería llevarse a la formación “del gatito” (La esfinge) así que hubo que explicarle que en las mochilas iba a ser difícil meterla (jeje).

 

Ischigualasto

 

En San Juan conocimos lugares lindísimos y Sofi permaneció con los ojos atentos a cada nuevo paisaje que se iba presentando. El último día el viento Zonda nos hizo difícil algunos recorridos, y encima nos movió todo el avión en el trayecto de San Juan a Mendoza.

Cuando pensábamos que en la última escala ya estábamos libres de movimientos indeseados, al llegar a la zona de Buenos Aires, el avión tuvo que atravesar un frente de tormenta realmente horroroso que nos hizo rezar a todos los agnósticos y prometer las cosas más ridículas. Sofi, a todo esto, distraída con la tablet por suerte no llegó a entender la dimensión de nuestro cagazo.

 

Dique Cuesta Del Viento

 

No tardamos mucho para irnos nuevamente de escapada, en esta ocasión a Monte, en la propia Buenos Aires. Un lugar con laguna y tranquilidad. Justo nos tocó un fin de semana un poco fresco por lo que la pileta del hotel la disfrutamos a medias. Lo súper divertido fue la tarde a bordo de bicicletas para darle la vuelta a la laguna y disfrutar del aire puro de los árboles.

 

Monte

 

Llegaba ya casi el tiempo de festejar los tres años de Sofía y decidimos partir para otro punto de la Argentina que aún nos faltaba conocer. Llegamos así a San Luis capital, para conocer lugares interesantes y un poco extraños de la ciudad. Alejándonos un poco hicimos algunas cosas totalmente nuevas para Sofía, como ingresar en la mina de oro La Carolina (hoy fuera de funcionamiento) y nos sorprendimos con lo divertido que fue para ella ingresar en un ambiente completamente oscuro, estrecho y lleno de agua.

 

Mina Oro La Carolina

 

Luego fuimos para la gruta Inti Huasi y allí, luego de correr por una rampa larguísima me dijo con sonrisa enorme y ojitos brillosos, “¡mami, esto es más divertido que mirar la tele!”. Con ese pequeño momento supimos que todos los viajes que hacemos con Sofi valen realmente la pena.

Ya en Merlo San Luis seguimos recorriendo y lo particular de este viaje es que Sofi no aceptó de ningún modo ir en la mochila con la que la porteábamos en los trekkings, por lo que las caminatas se tornaron un poco más complejas y cuidadosas, como cuando fuimos a conocer el Velo de la Novia, una hermosa cascada perdida en las sierras del lugar.

A este viaje le sumamos que cruzamos brevemente a Córdoba para conocer la ciudad natal de su abuelo paterno, así que pudo jugar en los juegos de la plaza principal de La Paz y subir su Loma Bola.

 

Parque Las Quijadas

 

Velo De La Novia

 

Merlo San Luis

 

El día que estábamos volviendo, justo al cumplirse las doce, tocó que sea su tercer cumpleaños, lo que parece ya un acto de justicia que sus años vengan en pleno viaje.

Casi seis meses después emprendimos un viaje que resultaba sumamente significativo porque era en definitiva el primero en el que Sofía tuvo real consciencia de lo que implicó el viaje, del avión y de que estábamos en Colombia. En Cartagena el calor agobiante y verla que ella lo sufría de verdad, nos hizo cambiar los planes y bajar las expectativas, por lo que tuvimos que dejar el parque Tayrona para otra oportunidad. Eso es algo que sucede con los niños frecuentemente, ya los viajes no pueden pensarse en ritmos alocados ni muchos menos rígidos en su planificación.

 

Cartagena

 

Sofía amó la noche de Cartagena, sus increíbles shows públicos por doquier, los colores, el ritmo. Sólo tuvimos un “pequeño” incidente volviendo de la Isla del Sol, en donde nos agarró una tormenta tremenda en pleno mar. Sofi, para nuestra sorpresa, tan solo durmió todo el ajetreado y aterrador trayecto. ¡Una verdadera suerte!

 

Cartagena Cartagena Cartagena

 

Un párrafo aparte para nuestro incidente en el aeropuerto de Cartagena en donde estuvimos varados 8 horas esperando el vuelo a Bogotá. Sin una razón demasiado real, sufrimos una larga espera que Sofía la durmió en gran medida.

En Bogotá Sofi estuvo de paseo por museos que disfrutó mucho, como la Catedral de Sal, el Museo del Oro y el Museo de Botero que recorrió con ojos atentos y mucho entusiasmo. Derribamos así los mitos que dicen que estos lugares no son para niños, ya que, si sabés ir explicándoles de qué se trata en forma simple, pueden disfrutar muchísimo de estos espacios.

 

Bogota

 

Bogota

 

Hasta acá, con solo 3 años y medio Sofi hizo 10 viajes en los que conoció algo de 5 países, sumando 19 destinos. En esas aventuras se subió a diversos transportes como: avión, micro, barco, auto, combi, colectivo, tren y bicicleta. Conoció la nieve, la montaña, el lago, la laguna, el mar, la arena, los cerros, las sierras, el interior de la cordillera de los Andes, sitios arqueológicos, minas, interiores de montañas, ciudades grandes, pueblos pequeños, pueblos abandonados, y mucho, mucho más.

Tuvimos algunos incidentes con su salud, algunos sustos con las inclemencias climáticas; tuvimos también momentos super divertidos, momentos en los que redescubrimos lugares a partir de poder ver con la mirada asombrada de un niño. Descubrimos que es posible con un niño hacer mucho más que tirarse en la playa 15 días, aunque al mismo tiempo entendimos que el ritmo alocado que solíamos tener en nuestros viajes tenía que cambiar.

Cuando hicimos nuestro viaje a Europa dijimos “ok, ahora sí podemos buscar un hijo”, creíamos que ese viaje era necesario hacerlo solos para después sí encarar el proyecto de familia. Hoy lo vemos como un gran acierto, así como vemos como el mejor acierto seguir apostando a viajar y a disfrutar de cada lugar ahora no solo siendo dos pares de pies inquietos, sino ya tres que siguen marcando su paso al andar.

 

 

Yamila Campo
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Yamila Campo

Licenciada en Comunicación Social, paso mis días trabajando en la investigación y la docencia, especialmente en la comunicación comunitaria. Amo poner el foco en las situaciones cotidianas y volverlas fotografía. Se puede decir que soy corredora, al menos eso me gusta entrenar en los tiempos libres. Me defino como viajera y soy de las que le pone onda a toda circunstancia que pueda fallar en un viaje. Y obviamente, soy mamá de Sofía, la chiquitina que me hace reir y redescubrir el mundo todos los días.
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