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Viajar en familia: Visitar un museo con niños

¿Es posible visitar una ciudad o país y en el medio recorrer un museo con niños? He escuchado a innumerables padres decir que una vez que tenés hijos, los viajes ya no pueden ser como antes, que la cosa ahora se transforma en playa, juegos y espectáculos infantiles. Y es cierto que los viajes cambian, pero porqué presuponer que a un niño no le va a gustar una montaña o por caso, una visita a un museo.
Todo depende, claro, de la forma en la que vayamos criando a nuestros hijos, las posibilidades que les vayamos presentando. Y en los viajes, las posibilidades pueden ser infinitas si nos lo proponemos. Las enseñanzas son a cada instante, y de seguro quedan mucho más en su cerebro que si lo vieran en un libro en la escuela.
Claro que depende de las edades, las elecciones que hagamos en nuestras visitas a ciudades, pero la opción de los museos no puede ser descartada por el solo hecho de ir con nuestros hijos.
Les cuento aquí las experiencias que tuvimos con Sofia, que ya con casi 5 años ha visitado museos de todo tipo y no ha salido para nada mal cada uno de esos recorridos.

 

museo Botero - escultura gato

 

Por supuesto que cuando son muy bebés o chiquitos, los recorridos serán con cochecito y dormidos, ahí no hay desafío.
El punto es cuando ya comienzan a entender, pero tampoco es que tienen el suficiente “capital cultural” como para comprender por completo ese lugar en donde estamos en ese momento.
Voy a hablar de esa experiencia, porque es la que conozco, supongo que si alguno de ustedes que están leyendo, tienen un hijo más grande, poseen otros puntos de vista para aportar.
La realidad es que no podés pensar en hacer “UN DIA DE MUSEOS” No, no da, definitivamente no va a seguir el ritmo. Así que, intentemos planificar algunos recreos en el medio.

 

castillo Luro en La Pampa (Argentina)

 

Voy a separar los museos por “tipos”, una forma caprichosa, que tan solo se me ocurrió en función de ordenar el relato:

 

Museos de fútbol:
En nuestro caso, fuimos a los museos de los estadios Centenario (Uruguay), Maracaná (Brasil) y Monumental (River en Argentina) Lo interesante de estos museos es el ingreso a los campos de juego y recorrer la historia del club junto con la del país. Algunos mejor armados que otros, lo importante es ir encontrando detalles que entusiasme a nuestros niños con ese lugar y pasa por la experiencia de tocar aquello que ven por la televisión, como el pasto de la cancha.

 

Maracaná Cancha de river copa Libertadores cancha de river

 

Museos en castillos y similares:
Aquí la cuestión está en jugar a la realeza, referenciarlos con algunas historias que leyeron o vieron en dibujos animados en la tele. Nuestra hija con esto de la “Princesita Sofia”, tenía también de dónde referenciarse.
Lo malo de estos museos es que todo suele estar muy a la mano y al mismo tiempo no se puede tocar nada. Lograr que tu niño se mantenga a raya y no termine dentro de una cuna del siglo XV puede ser toda una proeza si no estás atento y generás constantes elementos de distracción y entretenimiento.
Con Sofía estuvimos en el castillo Luro en La Pampa (Argentina), y en el palacio Quitandinha y el museo Imperial de Petrópolis (Brasil). En este último solo tenía un año, así que allí hubo que tener máxima atención para que no se escabulla por debajo de las sogas y vallas.

 

palacio Quitandinha en Petrópolis (Brasil)

 

Museos históricos y de arte:
Aunque parezca mentira, estos son los más simples para enganchar a los niños si es que vienen trabajando sobre sus intereses y su creatividad.
Decía Pablo Picasso que “todos los niños nacen artistas, el problema es cómo seguir siendo artista al crecer”. Bueno, sobre eso hay que profundizar con nuestros niños, ellos aman dibujar y pintar, tienen un relación cercana y certera con esa experiencia, aprovechémosla.
Hablarles de la vida de ese pintor mientras recorremos la muestra y ver los cuadros y sus detalles es simplemente maravilloso. Lo más increíble es que sus pequeñas e inquietas miradas suelen ver cosas que nuestro ya entrenado y estandarizado ojo no llega siquiera a percibir.
Recuerdo que cuando entramos en el museo de Botero en Bogotá pensamos que íbamos a estar allí 10 minutos porque los guardias nos iban a echar. Una serie de sensores no te dejaban acercar a los cuadros y esculturas, enseguida comenzaban a chillar y los guardias te mantenían a raya con mucha vehemencia.
Una niña de 3 años, ¿cómo podría entenderlo? Sin embargo, sucedió. Y tenemos guardados unos momentos hermosos en donde hablamos de los “godos” que pintaba Botero y sus gatos “godos” y todo lo que le iba llamando la atención.

 

museo botero

 

Otra experiencia muy linda sucedió también en Bogotá, en el Museo del Oro. Allí la temática en el tercer piso era el uso del oro en las culturas originarias de ese país. Así que, a través de objetos de una artesanía increíble, conocías la vida de los pueblos indígenas de Colombia.
Tamaño desafío cuando entramos. Una sala negra, con objetos detrás de vitrinas, fuertemente iluminado. ¿Qué teníamos para observar y hacer de nuestra visita algo que le quede a Sofia? Bueno, sabemos que las culturas originariamente solían representar la naturaleza que las rodeaba, así que encontrábamos diminutos y grandes objetos, que iban desde joyas hasta utensilios, con animales labrados en oro. Esa búsqueda del animal primero para luego adivinar qué animal era hizo que Sofi se entretenga mucho y que además nosotros también tengamos una mirada distinta de esos objetos.

 

museo del oro Bogota

 

En Argentina recorrimos el museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur y el formato multimedial del mismo hizo que Sofi mirara con mucha atención las pantallas con filmaciones de un alto contenido emotivo para nuestra historia.

 

museo Malvinas

 

Bonus track: museos para niños
En muchos lugares del mundo hay museos pensados en los niños, jóvenes y adultos. Allí la experiencia es importante y por lo general, apuestan a lo interactivo.
En Buenos Aires existe el muy interesante museo participativo de ciencias “Prohibido NO tocar” y se define como un espacio pensado para “curiosos de 4 a 100 años”. La verdad es que todos nos divertimos.
Se encuentra dentro del Centro Cultural Recoleta y el costo de su entrada es muy accesible (130 pesos argentino)

 

Museo Prohibido No tocar

 

Cuando la visitamos, pudimos ver que, si bien aún Sofia no puede entender algunos ejercicios que allí se realizan en forma lúdica, la posibilidad de la experiencia concreta a ella la conectó con el espacio en forma contundente.

 

museo de ciencias prohibido no tocar museo participativo prohibido no tocar museo participativo de ciencias prohibido no tocar

 

Disfrutó de cada espacio (tengan en cuenta que el recorrido puede llevarte dos horas y más) y no quiso dejar de probar todo. La sala de sonidos fue una de las que más la entretuvo, aunque hubo algunos espacios de física a los que les destinó bastante tiempo.

 

Es una constante en nuestro sitio explicarles que los viajes con niños son posibles y que sólo deben ser contempladas algunas cuestiones en función de las necesidades de nuestros hijos. Esto incluye pensar tiempos en lugares que sean de su interés como plazas, playas y también parques de juego o museos de niños.
Otra cuestión es poder pensar esos “espacios de adultos” con la mirada de un niño, poder contemplar ese sitito por el que podemos llegar a pasar raudamente y con el solo objetivo de una foto (que nunca más veremos probablemente) y vivirlo con ellos, con los más chicos. Y descubrir ese lugar con esos ojitos curiosos que te ofrecen una nueva perspectiva.

 

Te recomiendo tomarte ese tiempo y saber que muchas veces, hasta el hecho de tener que agacharte para hablar con tu niño mirando el objeto/obra, hace que lo veas de otra manera y eso ya te modifica la experiencia.
Disfrutá de cada uno de los momentos en los que viajan con niños, y descubran una nueva forma de viajar, ya no solo, ya no en pareja, ya no en grupo, sino en familia.

 

 

Yamila Campo
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Yamila Campo

Licenciada en Comunicación Social, paso mis días trabajando en la investigación y la docencia, especialmente en la comunicación comunitaria. Amo poner el foco en las situaciones cotidianas y volverlas fotografía. Se puede decir que soy corredora, al menos eso me gusta entrenar en los tiempos libres. Me defino como viajera y soy de las que le pone onda a toda circunstancia que pueda fallar en un viaje. Y obviamente, soy mamá de Sofía, la chiquitina que me hace reir y redescubrir el mundo todos los días.
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