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Viajeros en vacaciones laborales – Nuestro viaje a Europa (Parte I)

Pongamos un ejemplo práctico, digamos que te parás frente a la Torre Eiffel, ahí vas a reconocer fácilmente dos grandes tipos de personas: el turista y el viajero. El turista, imaginarán, es aquél que llegó a ese lugar con un paquete armado por una agencia, que se emociona por ver estos lugares, pero que prefiere que lo lleven a todos lados sin demasiado esfuerzo. Seamos claros, no lo criticamos, pero definitivamente no compartimos ese tipo de experiencia.

El segundo de los grupos, los viajeros, yo creo que es posible dividirlo en dos amplios grupos otra vez. Los que agarran la mochila y dejan que el itinerario, la vida, y las casualidades lo sorprendan; y los que planifican el viaje cuidadosamente, amoldándolo a las reales ganas que tiene de conocer y pensando en la mejor manera de ver todo lo posible en los pocos días que uno dispone. Esos somos los viajeros de vacaciones laborales.

Contamos con algunas semanas al año (que las maximizamos combinándolas con feriados muchas veces), las exprimimos al máximo y nos adentramos en todo lo que es posible de conocer.

 

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Queremos entonces contarles en este post uno de nuestros desafíos más grandes de planificación y disfrute de viaje: nuestro gran y soñado recorrido por Europa.

Contando con 37 días, gracias a juntada de licencias no tomadas en años anteriores, feriados y días de trabajo extra adeudados, decidimos que finalmente estaban dadas las condiciones para cumplir una de nuestras metas viajeras, conocer el Viejo Continente. Lo que finalmente hicimos entre finales de abril y principios de junio de 2012.

Entonces, creemos que contándoles nuestra experiencia, aportaremos a sus ideas en cuanto a cómo preparar un viaje donde lo que importa es recorrer y conocer, con nunca los suficientes días para hacerlo, pero con todo el entusiasmo de pasar por una gran experiencia. Porque también es posible disfrutar de una experiencia viajera única sin tener que dejar todo y salir con la mochila al mundo.

 

El bichito de viajar comienza a rondar

Cuando te mueve el bichito del viaje, no hay nada que te pare… cuando te empiezan a mover las ganas de agarrar dos pilchas y salir rajando, ahí, ya ahí empieza el viaje.

Nuestro viaje a Europa creemos que realmente comenzó como unos dos años antes de hacerlo. Si no contamos el tiempo del deseo, lo podemos acortar a ese tiempo.

Desde el día que dijimos “¿Por qué no? Si no es ahora, ¿Cuándo?”, y dijimos que sí, que lo íbamos a hacer, desde ese mismo día comenzamos a planificarlo. Porque además, toda esta aventura viajera nace de mirar paquetes armados y decir, no, yo lo haría mejor.

Ustedes saben, ya lo escribí algunas veces, en realidad quien se ocupa en serio de la planificación es Marcelo, yo acompaño, por momentos inclino la balanza para tomar decisiones definitivas, pero quien es el cerebro del viaje, definitivamente es Marce.

Así que comenzó, de su mano, la primera de todas las etapas, la “inteligencia viajera”

 

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Cuestiones que implican a esta “Inteligencia Viajera”

Las primeras de las cuestiones a resolver siempre es el itinerario. ¿Qué se prioriza? ¿Cuáles son los lugares que no deben faltar por el deseo anterior que nos llevó a pensar en ese/os destino/s?

Cuando vas a un continente tan pequeño y de fácil traslado, sabés que vas a terminar recorriendo una buena cantidad de países si te lo proponés. Así que en ese caso, la inteligencia previa es fundamental.

 

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Aparece la necesidad de plantear un recorrido que incluya los países que sí o sí no pueden faltar. Y en esa conexión seguramente surgirán algunos que no tenías previsto, pero que en la leída de recomendaciones de otros viajeros, suman puntos.

Obviamente, los blogs de los viajeros son el pilar de estas averiguaciones. Si bien uno puede ir a una página oficial de turismo de los lugares a conocer por alguna cosa puntual, la realidad es que los datos que valen la pena están siempre en blogs de viajeros o páginas destinadas al intercambio viajero.

En nuestro caso, los que sabíamos que debían ser parte del recorrido eran los países escandinavos y Alemania. El resto se fue dando a medida que veíamos los países interconectados con aquellos que no queríamos dejar de visitar.

Además intentamos que sea un “viaje equiilibrado”, tratamos que haya suficiente paisaje y naturaleza combinado con ciudades y edificios antiguos y nuevos. También balanceamos las recorridas por grandes ciudades y pequeños pueblos; y principalmente, buscamos ser medidos con los días de ritmo alocado, intercalando días un poco más relajados como para disfrutar realmente el viaje.

 

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Todo eso hizo a nuestro recorrido que podrán ver al final de este post. Creemos que finalmente hicimos nuestro viaje soñado.

 

No puede faltar la logística, las compras previas

Cuando vimos el itinerario supimos que el tren iba a ser nuestro gran aliado. Un continente como Europa, con todo cerca (si comparás con Latinoamérica, por ejemplo) y con conexiones de vías férreas muy buenas entre países, requería de maximizar el uso de este transporte. Así que averiguamos y vimos que nos convenía sacar el Eurail que nos habilitaba a viajes libres durante 30 días. Si realmente vas a usar el tren, tanto para pasar de un país al otro como para hacer trayectos cortos dentro de las ciudades, realmente conviene. Lo único que hicimos es en algunas oportunidades donde viajamos toda la noche, pagar un extra para poder usar un camarote y así descansar bien.

 

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Existen otros tipos de pases que también pueden servir, como los que vienen por una cantidad de viajes o semana, pero en nuestro caso, el mejor era el pase mensual. Lo que tenés que tener en cuenta es que te pueden llegar a pedir el pase como control y que en ese caso debe ir acompañado del pasaporte. Además tenés que ir anotando en la listita que trae el pase, los viajes que vas haciendo con todos los datos.

Sólo tuvimos que tomar dos transportes por fuera (más allá de los subtes, tranvías o colectivos que obviamente no incluía), con el Eurostar para conectar Francia con Inglaterra y con un avión para cruzar de Inglaterra a Noruega.

Obviamente también compramos un servicio de asistencia al viajero, que más allá de poder necesitarlo realmente, hay que tenerlo como requisito de viaje como para que no te hagan problema al ingresar a la comunidad europea.

Otra de las compras previas fueron las de algunas entradas a ciertos espectáculos o lugares. Si sabés que vas a ir ese día en particular, en muchas ocasiones te evita largas colas. La mejor de todas esas oportunidades se dio en la torre Eifel en donde evitamos una cola enorme por tener las entradas previamente sacadas (obviamente que eso se hace en las páginas de cada atracción y con una tarjeta de crédito).

 

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¡ Seguí leyéndonos en la segunda parte del post !
Viajeros en vacaciones laborales – Nuestro viaje a Europa (Parte II)

 

 

Yamila Campo
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Yamila Campo

Licenciada en Comunicación Social, paso mis días trabajando en la investigación y la docencia, especialmente en la comunicación comunitaria. Amo poner el foco en las situaciones cotidianas y volverlas fotografía. Se puede decir que soy corredora, al menos eso me gusta entrenar en los tiempos libres. Me defino como viajera y soy de las que le pone onda a toda circunstancia que pueda fallar en un viaje. Y obviamente, soy mamá de Sofía, la chiquitina que me hace reir y redescubrir el mundo todos los días.
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